viernes, 26 de marzo de 2010

lluvia


Era una tarde de lluvia, de las que te gustan a tí.
De esas que suenan hasta por dentro del corazón. [plic-plac]
y te hacen recordar el invierno.
De esas en las que te pierdes en la calle, la lluvia te cala los huesos [cada recoveco, cada recuerdo] y todo te hace perder el equilibrio. Puede ser por esto por lo que la gente se empeña en besarse entre la lluvia. La gente le llama romanticismo.

Sin saber muy bien por qué ni en qué minuto, me paré en seco, decidiendo cuál podría ser el error. Y me eché a recordar a pesar de que me volaba a cada ráfaga de rabia y viento que rozaba mi espalda.

Quería esperar a que escampase, a que saliese el sol y volvieras a rechistar porque ya apenas llueve y maldijeses al hombre del tiempo.
Quería esperar a que volviese la luz y así poder secarnos al lado de la parada del autobus.

Supongo que aquella tarde tendría prisa, porque le puse la capucha al corazón, cogí las llaves de casa y olvidé lo más rápido que pude.

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