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Dicen que los principios aparecen cuando uno mismo quiere. Cuando decides que es el momento justo para colocar un número uno, para seguir con el dos, tres y el treintaitantos.
Que algo empieza porque dejaste que el granito de arena creciese, y se hiciese desierto.
Yo sin embargo se que hay cosas que empiezan sin querer, sin predisponer nada.
Y te pillan por sorpresa,llegan por detrás y te esperan para que comprendas que todo seguirá adelante, con o sin tu beneplácito.
Arrollaran todo en lo que andabas antes y de pronto ya no tendrás alternativa de mirar atrás. Ni un solo vistazo.
Puede, incluso, que te des cuenta de que así deben ser las cosas y sonrías al ver que ni tu misma hubieses montado algo tan maravilloso.
Te quiero.
Era una tarde de lluvia, de las que te gustan a tí.
De esas que suenan hasta por dentro del corazón. [plic-plac]
y te hacen recordar el invierno.
De esas en las que te pierdes en la calle, la lluvia te cala los huesos [cada recoveco, cada recuerdo] y todo te hace perder el equilibrio. Puede ser por esto por lo que la gente se empeña en besarse entre la lluvia. La gente le llama romanticismo.
Sin saber muy bien por qué ni en qué minuto, me paré en seco, decidiendo cuál podría ser el error. Y me eché a recordar a pesar de que me volaba a cada ráfaga de rabia y viento que rozaba mi espalda.
Quería esperar a que escampase, a que saliese el sol y volvieras a rechistar porque ya apenas llueve y maldijeses al hombre del tiempo.
Quería esperar a que volviese la luz y así poder secarnos al lado de la parada del autobus.
Supongo que aquella tarde tendría prisa, porque le puse la capucha al corazón, cogí las llaves de casa y olvidé lo más rápido que pude.